Lo mejor es entrar por primera vez un día laborable, a ser posible entre las 7:00 y las 8:30 de la mañana, sobre todo si la Puerta Santa está abierta con motivo de un Jubileo. Las colas en los controles de seguridad suelen ser más cortas y el ambiente se nota más tranquilo. Si llegas más tarde, el camino desde la plaza hasta la basílica puede convertirse en una cola interminable.








































